A propósito del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, expertos advierten que el progreso económico en la región sigue siendo frágil ante emergencias climáticas, pérdida de empleo o crisis de salud.
Cada 17 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, una fecha que obliga a poner la mirada sobre las profundas brechas sociales que aún limitan el desarrollo de miles de hogares. En regiones como Loreto, la situación exige atención urgente.
Aunque las estadísticas muestran una ligera reducción de la pobreza en los últimos años, la realidad cotidiana sigue siendo adversa. Gran parte de la población sobrevive con ingresos sumamente ajustados, expuesta permanentemente a perder sus logros ante una enfermedad imprevista, la pérdida de empleo o los estragos de una emergencia climática.
Radiografía de la crisis: la segunda región con mayor pobreza
Cifras oficiales del INEI confirman que Loreto es la segunda región con mayor pobreza monetaria en todo el país:
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Pobreza total (2025): El 40,1% de la población loretana se encuentra en esta situación. Esto equivale a unos 414 mil ciudadanos cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica de consumo (alimentos, servicios esenciales y otros bienes).
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Pobreza extrema: Afecta al 11,4% de la población, es decir, unas 118 mil personas que ni siquiera disponen del dinero necesario para adquirir una canasta básica alimentaria.
“Salir de la pobreza es un avance importante para cualquier familia, pero el verdadero desafío es lograr que ese progreso sea duradero. Cuando los ingresos apenas alcanzan para los gastos diarios, una enfermedad o una emergencia pueden borrar todo lo conseguido. Por eso, necesitamos generar oportunidades de estabilidad económica”, explicó Cynthia Sánchez, investigadora de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Salir de la pobreza no garantiza estar fuera de peligro
Uno de los problemas más críticos y silenciosos en Loreto es la vulnerabilidad monetaria. Este concepto describe a aquellos sectores que, aunque técnicamente no son considerados pobres, viven en la cuerda floja, con un alto riesgo de caer en la pobreza ante cualquier contratiempo financiero.
Mientras la pobreza monetaria experimentó una leve disminución durante 2025, la vulnerabilidad aumentó del 37,4% al 38,4%. Esto demuestra que un sector masivo de la población sigue caminando sobre terreno frágil.
Un ejemplo cotidiano:
Una familia que subsiste gracias a la pesca artesanal puede cubrir sus necesidades básicas mientras los ingresos se mantengan estables. Sin embargo, una temporada desfavorable, la escasez de recursos o mayores dificultades logísticas para transportar y comercializar sus productos bastan para desplomar sus ganancias, poniendo en riesgo inmediato la alimentación y la educación de los hijos.
¿Qué cambios se necesitan?
Para los especialistas, la clave ya no es solo medir la reducción temporal de la pobreza, sino apostar por estrategias de resiliencia económica. Esto implica diversificar las oportunidades productivas en la Amazonía, mejorar la infraestructura logística para los pequeños productores y fortalecer los servicios de salud y protección social frente a choques externos y emergencias climáticas.